Esta ermita que vamos a visitar fue realizada por un alarife local perteneciente a la familia Ruiz Florindo, que constituyó durante el siglo XVIII una explosión artística dentro del ámbito urbano de Fuentes de Andalucía y sus alrededores, ya que esta familia de arquitectos locales realizó también importantes obras en localidades como Arahal, La Campana, Marchena, Osuna, Palma del Río ó Puerto Real.
Esta saga de arquitectos locales se inició con Cristóbal, natural de Palma del Río aunque posteriormente asentado en Fuentes de Andalucía, y de los hijos de éste, Juan será el que abra camino a la generación de arquitectos. De los hijos de Juan encontramos a Antonio a quien se le atribuye el edificio de la Cilla de Cabildo en Osuna ó importantes obras en Puerto Real como la Capilla Sacramental de la Iglesia Prioral de San Sebastián ó la Plaza de Abastos. Su hijo Alonso Ruiz Florindo será el máximo exponente de esta generación de maestros alarifes realizando obras, entre otras, como ésta de la Ermita de San Francisco.
Este edificio religioso del siglo XVIII está situado en el corazón del conocido barrio del "Postigo" y en otro tiempo fue la ermita que servía de cobijo a los titulares de la Hermandad de Nuestro Padre y Señor de la Humildad y Nuestra Señora de Consolación.

Éste edificio sufre varias reparaciones durante toda la primera mitad del siglo XVIII pero fueron insuficientes; en 1718 Andrés Martín Chaparro realizó una leve intervención y Juan Ruiz Florindo otra de mayor envergadura entre 1739 y 1740 construyendo un nuevo campanario, la reedificación del portal y la consolidación de los tejados. Sin embargo, en los años centrales del siglo, se derriba la ermita para proceder a su reconstrucción con lo que desaparecen los testimonios de las intervenciones previas.
Desde 1751 se procede a la edificación de la nueva iglesia, a cuenta de diferentes aportaciones de instituciones y particulares, concluyendo en 1758. El maestro de obra fue Alonso Ruiz Florindo, ocasionalmente ayudado por su hermano Cristóbal.
La arquitectura de los Ruiz Florindo está dominada por el uso del ladrillo siendo aplicado en la composición y ornamentos de patios, fachadas y portadas. En el caso de esta ermita, su portada consta de dos cuerpos; en el primero, un arco de medio punto está enmarcado por dos pilastras de ladrillo avitolado y almohadillado de orden jónico como es característico de la arquitectura de estos maestros alarifes, para dar mayor realce a la ornamentación de las fachadas.
Mientras, en el segundo cuerpo de la portada, una ventana, también de arco de medio punto, está franqueada por dos estípites profusamente decorados y rematados en dos pináculos, siendo la decoración la faceta más destacada de los Ruiz Florindo ya que son artistas de una gran inventiva y poseen un buen conocimiento de los órdenes, elementos y motivos del clasicismo; se identifican también en ellos formas traídas del barroquismo más contemporáneo como es observado en este edificio en el uso de los estípites.
También podemos apreciar en el exterior del edificio, que bajo la línea de cubierta del crucero se cierne un entablamento de orden dórico, muy utilizado por Alonso en portadas de carácter más monumentales, con metopas decoradas por florones, aparentemente soportado por originales pilastras de pinjantes invertidos. Cabe destacar también en la fachada que salva la diferencia del nivel de las naves con el remate mixtilíneo de su testero rematado por un pináculo.
Por lo tanto, en cuanto al exterior del edificio, podemos apreciar una clara diferencia ornamental entre cuerpo y ático ya que en estas fechas de la realización de la ermita, Alonso estaba dando varios pasos en la confirmación de su estilo ornamental, comenzando a atenuarse la rigidez geométrica de algunos trabajos decorativos como es el caso del entablamento exterior de esta ermita de San Francisco. A la derecha de la nave central observamos un azulejo de Santa Ángela de la Cruz que fue un regalo de la Hermandad de Nuestro Padre y Señor de la Humildad y Nuestra Señora de los Dolores a la congregación de las Hermanas de la Cruz en su centenario por la fundación del convento de las Hermanas de la Cruz.

Ya en el interior del edificio podemos observar que es un templo de tres naves, cubierto con cúpula en el crucero y bóvedas de cañón en el resto. Las naves se cubren con bóvedas vaídas y el crucero lo hace con bóveda semiesférica. Los soportes del templo son pilares de sección rectangular que soportan arcos de medio punto. En relación al ornato, Alonso desarrolla sobre las paredes laterales de la nave central una variación sobre el orden jónico, con friso cajeado y decorado con motivos geométricos y amplio fileteado como cornisa; ésta incorporación de las cajas de friso constituye un logro personal que recuerda los usos compositivos de edificios manieristas ó protobarrocos como son la Capilla del Hospital de las Cinco Llagas ó la Iglesia del Sagrario de Sevilla.
En cuanto a la decoración de yeserías, ésta se extiende a modo de baquetón orlando fajas de la nave central y claraboyas, y, sobre todo, cubriendo el desarrollo de las pechinas y la media naranja, donde se distribuye en las características tramas de yeso hacia la linterna, equilibradas con las ondulantes molduras horizontales que circundan la bóveda. Tanto su traza, que combina la línea mixtilínea con detalles de roleos, como su acabado son de una altísima calidad.
Si nos fijamos en su retablo mayor, podemos decir que éste es el primer gran retablo conservado de Francisco Acosta "el Mayor" y que procede del Convento de Carmelitas Calzados de Carmona, comunidad con la que se obligó Francisco Acosta en 1770 a levantar el retablo mayor de su templo, siendo fiado su padre, Cayetano Acosta. Éste retablo es una obra rococó en blanco, de planta rectilínea y alzado estructurado en banco, cuerpo, tres calles y ático.
Sobre el alto banco se levanta el cuerpo, sostenido por cuatro monumentales y ondulantes estípites. En la prominente calle central se abre una gran hornacina, enmarcada por pilastras serpentiformes, que alberga al Cristo de la Humildad; ésta imagen, que procesiona el Martes Santo en nuestra Semana Santa junto con Nuestra Señora de los Dolores, es una obra anónima realizada en madera de cedro policromada y fechada en el primer tercio del siglo XVIII. Sigue la iconografía de la Humildad y Paciencia, con la peculiaridad de que apoya la mano sobre su sien y no en la mejilla como es lo más común en estas imágenes. Sentado sobre una piedra en el momento de la flagelación y con paño de pureza de talla, posee una profunda mirada perdida que lo singulariza.
Las calles laterales del retablo las presiden, sobre abultadas repisas de signo rococó, la Inmaculada y San José. El ático, de grandes dimensiones, lo centra un relieve de Elías, sostenido por un ángel y enmarcado por originales estípites que le dan gran volumen, a cuyos lados aparece decoración rocalla, coronándolo todo un grupo de ángeles. Este imponente retablo atesora un bello labor de talla, siendo dignos de mención sus cuatro desintegrados estípites, cada uno individualizado, ya que no se repite la ornamentación que los recubre, verdadera cascada de recortados golpes de talla rococó, de una precisión y una terminación magistrales.
También interesantes son los trozos de entablamento sesgados y la elevación de la cornisa que coronan la hornacina, lo que se repetirá en otras obras de su autor. Especialmente llamativo es el recortadísimo ático, en el que se suceden molduras curvas que enmarcan rocaille, entre la que destacan dos "riñones" que ocupan los lados del ático. También de gran calidad es la imaginería original del retablo.
Dejando el retablo mayor, encontramos la imagen de Nuestra Señora de los Dolores venerada en el crucero, al lado izquierdo de la Capilla Mayor, en un retablo de banco con hornacina de estilo neoclásico, ejecutado a finales del siglo XVIII y recientemente restaurado. Este retablo tiene abundante decoración tanto en las columnas y en los capitales de orden corintio como en la decoración de tipo floral entre columna y columna; es un altar de dos cuerpos con frontón partido típico del neoclásico y en su ático encontramos el anagrama de la Virgen María coronado por una corona real enmarcada por dos pilastras y un frontón.
Esta imagen de Nuestra Señora de los Dolores, que acompaña al Cristo de la Humildad en su recorrido por las calles de Fuentes de Andalucía el Martes Santo, es una obra también anónima, por la que se pagó 600 reales en Septiembre de 1976 y 50 más por traerla a Fuentes en Marzo del siguiente año. Posee una mirada serena clavada en el cielo que le produce una leve inclinación de las cejas. Como nota característica posee las manos unidas con los dedos entrelazados. Su actitud de oración, junto con su mirada hacia arriba, su obra entreabierta y sus cinco lágrimas, realzan su expresión de dolor.
Siguiendo en la nave de la Epístola, nos encontramos otros pequeños retablos; el primero, que alberga a Nuestra Señora de la Salud, es un retablo de estilo neoclásico con un solo cuerpo, coronado por un frontón que está enmarcado por dos pilastras. El segundo retablo de estilo neoclásico, que alberga a San Francisco de Asís, titular del templo, incorpora una decoración floral alrededor de la hornacina que está enmarcada por dos pilastras y un frontón recto. Encima del frontón dos ángeles soportan una cruz, y encontramos la imagen de un misterio que representa el brazo de Jesús y el de San Francisco sobre una cruz simbolizando la decisión de San Francisco de vivir el mismo martirio que vivió Jesús en la cruz.
El tercer retablo, que alberga a Nuestra Señora de Consolación, actualmente en restauración, es un retablo de estilo neoclásico. A los pies de la nave encontramos una imagen de San Sebastián de estilo gótico que procede de la Iglesia Parroquial, aunque anteriormente, podría haber estado en la antigua Iglesia de San Sebastián, actualmente la Casa de la Cultura de la localidad; esta imagen está enmarcada en un altar neogótico de sencillas facciones imitando una catedral gótica.
En la nave de el Evangelio de este templo encontramos la imagen de Santa Ángela de la Cruz, a la que se le tiene gran devoción en la localidad, venerada en un retablo de corte neoclásico pero con abundante decoración tanto en las columnas y en los capitales de orden corintio como en la decoración de tipo floral entre columna y columna; es un altar de dos cuerpos con frontón partido y en el ático encontramos el anagrama de la Virgen María coronado por una corona real enmarcada por dos pilastras y un frontón.
Siguiendo en la nave de el Evangelio, encontramos otros pequeños retablos - hornacinas; el primero, de estilo barroco, es un altar de un solo cuerpo con ático; en el cuerpo inferior vemos en alto relieve la representación del martirio de San Lorenzo en el centro con decoración profusa de estilo floral alrededor de la representación. En el ático vemos como sobresale una pequeña hornacina con la representación de una pequeña imagen y el altar está enmarcado por dos estípites soportados por miquets.
El segundo retablo venera la imagen de Santa Rita con un altar de un solo cuerpo donde encontramos en su hornacina la imagen de esta religiosa y en los extremos a y . Este retablo tiene decoración barroca y en los extremos del altar encontramos dos estípites bulbosos en el centro y coronando este retablo encontramos al arcángel San Gabriel custodiado por dos angelotes. El tercer retablo, que alberga la Virgen del Carmen, es de transición al neoclásico y consta de un solo cuerpo teniendo en los extremos dos miquets rematados por capiteles corintios.
En el ático vemos en los extremos a San Serapio y . Coronando el retablo encontramos a . Por último, en los pies de la nave, encontramos la imagen de San Antonio enmarcado en un retablo de corte neoclasicista donde observamos que su hornacina está enmarcada por dos filas de doble columna, coronado por un frontón partido donde se halla en su fractura el mismo misterio que observamos anteriormente en el retablo de San Francisco de Asís.
Dirección: C/ Humildad, s/n
Horario de Apertura: De Lunes a Domingos de10 A 13 y de 16 A 18 (Previa cita).
Precio de visita: Gratuita |